viernes, 8 de mayo de 2009

Una pandemia llamada pánico


"Un tercio de la humanidad podría contraer la nueva gripe en 2010". Con este titular nos sorprendía el El Mundo esta mañana, y tras un par de semanas con múltiples "avisos" similares, que cuanto menos parecen augurar el apocalipsis, nos sigue surgiendo la duda de cuánto de cierto habrá en semejantes afirmaciones. 


Hay dos factores que definen la posibilidad de que una infección se convierta en un problema global: el primero la facilidad del agente responsable de trasmitirse de persona a persona, y el segundo es la gravedad de los síntomas que causa. El virus A/H1N1 sólo cumple la primera de las características: el riesgo de contagio es elevado, pero su agresividad hasta ahora no es mayor que la de la gripe corriente. Así pues, ¿a qué viene tanto alboroto? 


Los medios de comunicación han exagerando mucho y han causado un pánico innecesario. La información ha sido a veces confusa y algunos periódicos han abusado de titulares sensacionalistas, pero no toda la culpa es de ellos, ya que el hecho de que el virus haya resultado menos potente de lo que podría haber sido, no quiere decir que no tuvieran que tomar todas las precauciones exigidas por los distintos gobiernos, y según ellos, el pánico ha sido un efecto secundario inevitable de la necesidad de informar. Pero quizás esta vez "el fin no justifique a los medios", porque por poner un ejemplo, la madre del joven de Albacete registrado como el primer caso de gripe porcina en nuestro país, se ha quejado en RNE de que está más asustada por lo que ve en los medios que por cómo evoluciona su hijo, que se encuentra bien. 


Según dice la enfermera y bióloga Sandy Szwarc, en su premiado blog Junkfood Science (Ciencia basura), que analiza estudios de salud y "desmonta mitos" : "Los medios adoran un buen susto y la palabra pandemia es un titular que atrapa con seguridad". ¿Qué sentido tiene publicar fotos y más fotos de personas usando mascarillas? Szwarc se reafirma en la necesidad de que el público seleccione mejor sus fuentes informativas, para evitar que este miedo, que se ha propagado con más rapidez que la misma enfermedad, cause más problemas que beneficios.


El ejemplo lo tenemos con Twitter, que ha generado una de las mayores controversias que han surgido estos días. En este caso el mayor problema ha sido la rapidez con la cual se han propagado falsas alarmas que incluyen teorías de conspiración (el virus como arma de guerra creada en laboratorio), amenazas terroristas... Por otro lado tenemos al Dr. Ben Goldacre, de Bad Science, experto en investigar y criticar publicaciones sobre salud y ciencia (y usuario de Twitter también), el cual ha declinado todo tipo de invitaciones a medios de alta difusión para tranquilizar al público en cuanto al tema de la gripe se refiere. ¿Por qué? porque si bien rechaza la desinformación de muchos medios tradicionales y no tradicionales, no cree que sea responsable sugerir públicamente que no hay un considerable peligro potencial de este virus. Mientras tanto, su buzón electrónico continúa siendo inundado por correos que preguntan "¿Nos están engañando?" y "¿Puede venir a nuestro programa a contrarrestar el miedo?". 


Por lo tanto continúa la duda de si es conveniente dejar de asustar o bien es mejor avisar de que nuestros recursos serían de una utilidad relativa frente a un virus lo suficientemente maligno, y que los antivirales no son infalibles y los virus desarrollan resistencias.


Que el peligro ya ha terminado no podemos asegurarlo. El A/H1N1 estará con nosotros aún una buena temporada, pero los medios deberían ceñirse más a la realidad a la hora de informar si no quieren generar una nueva pandemia llamada “pánico”. 


jueves, 7 de mayo de 2009

Marabunta feminista

Rara es la fémina que no se ha planteado en algún momento de su vida para qué necesita a los hombres si lo único que dan son problemas. Y revisando intentos anteriores del género femenino de sobrevivir sin el masculino, llegamos a la conclusión de que sólo lo necesitamos para la reproducción. He aquí las amazonas, guerreras bellas, independientes y luchadoras, que prescindían de los hombres para todo excepto para aparearse con sus vecinos gargarios.


Resulta que las hormigas de la especie “ Mycocepurus smithii ” no tienen ese problema, ya que es la primera especie identificada por los biólogos que es capaz de reproducirse sin sexo, de clonarse de manera natural y en la que todos sus ejemplares son hembras. Chicas, aún hay esperanza.


Estas pequeñas "feministas" han sido halladas en la selva amazónica por un equipo de investigadores de la Universidad de Arizona (Estados Unidos), dirigido por la bióloga Anna Himler, el cual ha descubierto que  las hormigas reina de esta especie, que vive entre hongos que también se reproducen asexualmente, son capaces de copiarse a si mismas y de reproducir una descendencia que es genéticamente idéntica.


Aunque para las mujeres probablemente eso de ser todas iguales no es una ventaja, ¿quién no querría ser una Pentesilea o una Hipólita del siglo 21?, sin pechos cauterizados,claro.


Otro problema que podrían encontrar las damas es la castidad, pero según Himler, la vida sin sexo tiene sus ventajas: “ evita el coste energético de producir machos y dobla el número de hembras reproductivas que se generan en cada generación ” . 


Este equipo de científicos resalta que el aspecto que les llamó la atención de dichas hormigas no fue su abstinencia sexual, sino su habilidad para cultivar una mayor cantidad de alimento que otras especies,  planteando la hipótesis de que el hecho de ser sólo hembras les da la ventaja de no estar sometidas a los apremios del sexo, es decir, que pierden menos tiempo de recolección.


Un mundo más eficiente, tranquilo y productivo. No hay duda de que la naturaleza se ha dado cuenta de que el mundo funcionaría mejor sin hombres, y parece haber tomado cartas en el asunto.

Aunque se plantea otra cuestión importante: tras la extinción de los varones, ¿cuánto tardaríamos las mujeres en matarnos las unas a las otras así como Pentesilea hizo con Hipólita? 


miércoles, 6 de mayo de 2009

Los humanos ya no somos tan monos


A medida que los avances genéticos nos ayudan a saber de dónde venimos, más nos alejamos de nuestros parientes más cercanos.


Le gusta ver la televisión con sus colegas humanos, tomarse una taza de café después de comer fumándose un cigarro... y las mujeres. Nacido en África, protagonizó espectáculos circenses e interpretó pequeños sketchs ante las cámaras durante los años 70, dejando anonadado al mundo entero gracias a su sorprendente inteligencia y las características físicas que le hacían único. Tras esto, fue objeto de decenas de pruebas para averiguar su identidad.

Para algunos, Oliver es un chimpancé más, pero para otros, se trata ni más ni menos que del eslabón perdido que une al mono con el hombre, aunque los estudios realizados hayan demostrado que no es así.

Además de la hipótesis del eslabón perdido, otra posibilidad que se propuso para explicar las peculiaridades de Oliver fue que era un híbrido de humano y chimpancé. Aunque parezca descabellado, no resulta tan extraño que en los 90 se tuvieran en cuenta dichas teorías, ya que hasta la semana pasada se pensaba que chimpancés y humanos tenían un 98,76% de su ADN en común y esto permitía especular tanto con la conjetura de haber encontrado el eslabón perdido más deseado, como con la posibilidad de que existieran individuos híbridos. 

Quizás esa obsesiva necesidad de creer en este peculiar “hombre-mono”, se debiera a la posibilidad de tener una referencia directamente observable de que el hombre y el mono son parientes próximos, que descienden de un antepasado común, el cual también era un mono. 

Tras realizar a Oliver múltiples pruebas genéticas durante muchos años, se concluyó que era un chimpancé corriente relacionado con chimpancés de África central. Pero esta resolución no evitó que actualmente siga habiendo numerosas personas que aseguran que este primate es especial, que su similitud con los humanos va más allá de lo acostumbrado, y puede que tengan razón.

El pasado día 12 de febrero, coincidiendo con el aniversario de Charles Darwin, Tomás Marqués-Bonet del Instituto de Biología Evolutiva de la Universidad Pompeu Fabra y el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y Evan Eichler, de la Universidad de Washington (Estados Unidos) publicaron en la revista 'Nature' el primer mapa comparativo de cuatro genomas de primate: el del macaco, del chimpancé, del orangután y del humano. Hallaron que cada especie de primates, posee una enorme cantidad de fragmentos exclusivos en su genoma, siendo la diferencia entre el genoma humano y el del chimpancé de hasta un 10% en vez de el 1% demostrado hasta el momento. 

Este descubrimiento, que presumiblemente nos aleja de nuestros hermanos monos, nos pone un poco más difícil aceptar el espectacular parentesco que tenemos con ellos. Pero por otro lado nos puede dar una explicación a las peculiaridades de Oliver, y nos puede ayudar a comprender los mecanismos de la evolución humana y la base de diversas enfermedades únicas en el hombre.


AVANCES EN EL GENOMA

Durante la última década, la comunidad científica ha aceptado la hipótesis de que los seres humanos y sus parientes vivos más cercanos, los chimpancés, sólo diferían en el 1,24% de sus secuencias de ADN. Sin embargo, las conclusiones de este estudio prueban que esta estimación es incorrecta y que, en realidad, el número de diferencias puede ser hasta 10 veces superior. 


Los científicos han analizado una parte del genoma, hasta ahora poco explorada, formada por repeticiones de largos fragmentos de ADN, técnicamente llamadas duplicaciones segmentales. Aunque estas duplicaciones sólo representan cerca del 5% del genoma humano y cerca del 5% del de chimpancé, en ellas se concentra la mayoría de las diferencias genéticas entre ambas especies y las más importantes. 

Como las duplicaciones pueden ser muy grandes, contienen muchas veces genes completos. Las copias de estos genes, que en principio son idénticas, pueden ir especializándose, a base de adquirir pequeñas mutaciones, hasta diferenciarse completamente unas de otras. Es así como se generan la mayoría de genes únicos de una especie concreta: por duplicación y posterior especialización. Todos estos genes nuevos pueden realizar funciones nuevas que serán exclusivas de la especie que los tiene.

Las duplicaciones predisponen el genoma a reorganizarse, a tener grandes cambios estructurales. Este fenómeno puede derivar en ciertas enfermedades como el autismo, la esquizofrenia o el retraso mental. No obstante, los científicos aclaran que la duplicación de genes no es sinónimo de anomalía, sino de variación y de novedad. Novedades que pueden ser favorecidas por la selección natural o pueden resultar patológicas, en función de cómo se desarrollen.

Hasta el momento, al comparar los genomas, se habían tenido en cuenta las llamadas regiones de copia única, que son más fáciles de analizar y más similares entre especies. "Ha sido como montar un puzzle. Se empezó por las piezas que eran cada una distinta y hemos dejado las que parecen repetidas, para el final", explica Marquès-Bonet coautor de la investigación.

El estudio ha logrado datar la época en que hubo más duplicaciones: un intervalo de entre 12 y 8 millones de años, justo antes de la separación de los linajes de los humanos y chimpancés, ocurrida hace unos seis millones de años. Este hecho implica que todos los genes estudiados, que acababan de aparecer, han ido adquiriendo características nuevas a lo largo de los seis millones de años que llevan separados evolutivamente hombres y chimpancés.

En el caso de Oliver, puede que una de estas “novedades” le hiciera tener un aspecto diferente a los demás chimpancés, ya que actualmente aún sigue siendo un interrogante su particular bipedismo y morfología, además de otras características que se le atribuyeron.

Los autores creen que es gracias a esta separación que los seres humanos consiguieron adaptarse al entorno actual. Es quizás en este inmenso océano de diferencias donde hay que buscar los denominados genes de humanidad, cual agujas en un pajar. Por el momento, los investigadores desconocen si esta nueva línea de investigación desvelará estas incógnitas. 


Ser o no ser mono, esa es la cuestión

En la sociedad actual discurre un debate continuo sobre si el hombre desciende del mono o no, aunque científicamente hablando, es irrefutable el hecho de que el hombre proviene de un ancestro común a los monos, que por defecto debe ser uno de ellos. 

En España concretamente, el debate está en boca de todos debido al Proyecto Gran Simio (P.G.S). Éste es un proyecto internacional que intenta incluir a los antropoides no humanos en una comunidad de iguales, al otorgarles la protección moral y legal de la que, actualmente solo gozan los seres humanos.

Muchos menosprecian la validez racional de tal propuesta, pero lo cierto es que ésta es una consecuencia lógica de la enorme confusión causada por la revolución biogenética, que ha removido los límites tradicionales usados para definir “qué es lo humano”. 

Hasta el momento la mejor baza del PGS para conseguir una aceptación política de su propuesta, era precisamente el corto parecido genético entre hombre y chimpancé, no habiendo corregido aún su proposición tras los últimos descubrimientos que aumentan la distancia genética entre ambos.

“Debemos, sin embargo, reconocer que el hombre, según me parece, con todas sus nobles cualidades, con la simpatía que siente por los más degradados de sus semejantes, con la benevolencia que hace extensiva, no ya a los otros hombres, sino hasta a las criaturas inferiores, con su inteligencia semejante a la de Dios, con cuyo auxilio ha penetrado los movimientos y constitución del sistema solar  –con todas estas exaltadas facultades–  lleva en su hechura corpórea el sello indeleble de su ínfimo origen”.

"Darwin"